"... el ironista liberal -la persona que tiene dudas acerca de su propio léxico último, acerca de su propia identidad moral, y, acaso, acerca de su propia cordura- necesita con desesperación hablar con otras personas, y lo necesita con la misma urgencia con que otros necesitan el amor. Y necesita hacerlo porque sólo el diálogo lo pone en condiciones de tratar esas dudas, de hacer de sí mismo una cierta unidad, de mantener en su tejido de creencias y deseos una coherencia que le permita actuar. Tiene esas dudas y esas necesidades debido a que la sociabilización, por una razón o por otra, no se apoderó totalmente de él. Porque sus expresiones dan vueltas por su cerebro -no proceden directamente de una laringe bien programada, como un habla de ganso-. tiene dudas socráticas acerca del léxico último que ha heredado. De tal modo, lo mismo que Sócrates y Proust, mantiene constantemente relaciones eróticas con sus interlocutores. A veces son relaciones masoquistas; a veces sádicas. Pero no importa tanto cómo son cuanto el hecho de que sean relaciones con personas suficientemente inteligentes para entender de qué está hablando uno: personas que son capaces de comprender cómo se puede llegar a tener esas dudas porque saben cómo son esas dudas; personas dadas ellas mismas a la ironía." Richard Rorty, "Contingencia, Ironía y Solidaridad"
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