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martes, 5 de abril de 2011

"Jameelah lleva más de ocho años en el campo de Kharaz y sigue tan enferma como el día en que desembarcó. Las dolencias ya no están en su cuerpo, pero las carga en el alma. Se vino dejando atrás a su madre y a sus cinco hermanos. Trajo consigo a su único hijo, que murió durante la travesía de un golpe que le asestaron en la cabeza. A partir de entonces, tan pronto logra dormirse, Jameelah cae en una pesadilla que la martiriza. Sueña que un yenil, o demonio, la arrastra hacia una construcción de tres pisos donde la somete a juicio. En el primer piso, la condena por la muerte del hijo. En el segundo piso, la condena por abandonar a la madre y los hermanos. En el último piso también la condena, pero al despertar, ella no logra recordar por qué motivo era juzgada esa tercera vez. Jorge, uno de los psicólogos de MSF, le da un cuaderno y le pide "Jameelah, escribe tu sueño". Ella lo hace. Jorge lee y le dice: "Ahora vamos a preparar tu defensa. La próxima vez vas a explicarle al yenilque viniste a Yemen para trabajar y enviarle dinero a tu madre, que no la abandonaste, ni tampoco a tus hermanos, y que a tu hijo no lo mataste tú, lo mataron los smugglers.Dile a ese yenil que no haces nada contra tu familia, al contrario, has intentado darle mejor vida, aunque la posibilidad no esté en tus manos". El sueño de Jameelah se ha seguido repitiendo, pero ahora el yenil la absuelve en el primero y el segundo piso. Sin embargo en el tercero la condena, y ella sigue sin saber de qué la acusa. "La culpabilidad de las víctimas es un pozo sin fondo", me dice Jorge, el psicólogo." Laura R.

1 comentario:

  1. Esto me recuerda a los Senoi, una misteriosa tribu primitiva, que se rige por el lenguaje más puro del incosciente "los sueños". Dan instrucciones al inconsciente como lo hace el psicologo de la historia, para encontrar respuestas, soluciones o para tomar decisiones. Sin embargo el mundo del inconsciente va más alla de las instrucciones que se le den, o de lo que conscientemente se puede comprender a cerca de él. Es tramposo a veces, y otras hasta se convierte en nuestro aliado. Lo cierto es que, a pesar de su accesibilidad a través de los sueños, lapsus, actos fallidos, etc., lo iconsciente tiene un mecanismo protector "la censura" que nos protege de lo más ominoso que existe en el mundo intrapsíquico, liberadonos así de la angustia de ser.

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